Transformar la adversidad en oportunidad es una virtud que no está al alcance de todos y que, sin embargo, tiene un valor incalculable para nuestro crecimiento personal. Hace pocos meses tuve la oportunidad de asistir a un evento que reune a profesionales desempleados y profesionales en activo, con el fin de apoyar a los primeros en su búsqueda de empleo y de propiciar un ambiente que genere posibles oportunidades de colaboración. Una idea sencillamente brillante y a la vez brillantemente sencilla.

Sin embargo, eché en falta algo. Se dieron consejos muy prácticos a los asistentes con el objetivo de que pudieran realizar una búsqueda de empleo totalmente eficaz. Se habló de cómo elaborar un buen curriculum, de cómo aprovechar las webs de empleo y redes de contactos… pero el enfoque, a mi parecer, no fue el adecuado. Se trató de dotar a los asistentes de herramientas para poder reincorporarse rápidamente al mercado laboral, para poder encontrar “atajos” que les lleven más rápido al objetivo,… Pero hubo un consejo que llamó poderosamente mi atención; concretamente, se instaba a los oyentes a responder afirmativamente a todos aquellos requisitos sobre los que la empresa, mediante “killer questions” insertadas en la oferta, preguntara al candidato, fuera o no cierto, con el objetivo de no ser descartados en esa fase del proceso. Un ejemplo, el nivel de Inglés. Mi sensación fue que el objetivo era llegar al final del proceso selectivo con lo puesto, sin pararnos a pensar en que, quizá, tenemos virtudes por aprovechar y defectos por pulir y que, tal vez, éste momento del que tratamos de huir sea el ideal para poder trabajar en ellos.

En mi opinión, de nada sirve enseñar a un atleta a derribar las vallas en una carrera de obstáculos, si al final va a ser descalificado por ello… Podrá llegar antes que nadie, podrá ser el primero, pero en el camino, se habrá dejado muchos obstaculos sin superar, y habrá perdido un tiempo muy valioso, sin duda.

¿Por qué no enfocarlo de un modo diferente y más enriquecedor? Se trata de un momento de cambio, y será muy valioso ayudar al individuo a “digerir” este cambio y adaptarse a la nueva situación en lugar de querer huir lo antes posible de ella, aportándole un punto de vista diferente, positivo y orientado a identificar las oportunidades que ésta le brinda para poder crecer y desarrollarse personalmente, mediante la búsqueda de nuevas metas (incluso descubriendo que a lo mejor aquello que hacíamos no era lo que realmente deseábamos…) o la reformulación de las que ya tenía, mediante formación en conocimientos o habilidades para potenciar aquellas carencias que pueda tener (¿Por qué no ese nivel de inglés que nos piden en esa oferta de trabajo que tanto nos interesó?), mediante la reflexión y el autoconocimiento, mediante la adopción de nuevas rutinas de tipo alimentario, deportivo, de ocio, etc… En definitiva, dar la motivación y el impulso necesarios para que estas personas se planteen y lleven a cabo un cambio positivo en sus vidas.

Por supuesto, no se trata de un enfoque o punto de vista contrario o incompatible con el comentado al inicio de este post, bastante interesante, como ya comentaba, sino algo totalmente compatible, complementario y que busca aprovechar la oportunidad, no limitándose a alcanzar objetivos con lo que tengo, sino a elevar lo que ya tengo a un nivel superior para alcanzar mayores objetivos. Al fin y al cabo, encontrar la oportunidad dentro de la adversidad.

Aquella vez abandoné la charla a la mitad, y admito que fue un error hacerlo en lugar de aportar mi punto de vista, pues para eso estábamos todos. Pronto tendré una nueva oportunidad.

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