Quizá me equivoco, pero pienso que todos hemos tenido, tenemos o tendremos alguna vez, como mínimo, un sueño que hacer realidad. Ese sueño importante, ese trabajo ideal, ese viaje a un lugar exótico al otro lado del mundo, esa vida ideal que siempre has imaginado… La diferencia es que hay quien consigue esos sueños, y hay quien los considera imposibles, inalcanzables, utópicos. Y ni los primeros son más listos ni los segundos más tontos. La diferencia no radica en nuestras capacidades, sino en los límites que nos ponemos o dejamos que nuestro entorno nos ponga. Dicho de otro modo, nuestras expectativas con respecto a lo que podemos conseguir. Cuanto más altas sean, mayor esfuerzo pondremos en conseguir lo que anhelamos. Así, unos tienen un techo muy bajo sobre sus cabezas, mientras otros tienen como límite más cercano todo el universo.

Ahí fuera hay muchos ejemplos de personas que se empeñaron en conseguir ese sueño imposible, frente a toda adversidad, y donde muy pocos apostarían por ellos, pero quiero destacar al menos tres ejemplos.

Antes del 6 de Mayo de 1954, todo el mundo estaba convencido de que la barrera infranqueable de la velocidad a la que un ser humano podía recorrer una milla estaba en los cuatro minutos, y ¿Sabéis una cosa? Un atleta llamado Roger Bannister, ese mismo día y contra todo pronóstico, rompió el techo de los cuatro minutos… en los nueve años siguientes, casi doscientos atletas superaron esa marca que hasta entonces se creía imposible superar. Un ejemplo del poder de las creencias.

Es muy probable que el nombre de Chuck Wepner (Charles Wepner) os suene a más bien poco; Wepner era un boxeador de 37 años que peleaba a nivel amateur en pequeños clubes y contra rivales de bajo nivel. Le apodaban “el sangrador de Bayona” por la facilidad con la que solía comenzar a sangrar cuando recibía algunos golpes, y por su ciudad natal. En el año 1974 le aguantó 15 asaltos a un Mohamed Alí en plena forma, al que llegó a tumbar en el noveno round. Su tenacidad, su persistencia y su fe sorprendieron a todo el público, así como a la prensa que, previamente, le había definido como “Un ancho bloque de corazón y sueños, uno de los últimos peleadores de clubes, de esos que te dan todo lo que tienen, que convierten al ring en un mar púrpura y siguen pidiendo más“. Wepner perdió en el último asalto por KO técnico, pero ¿Acaso no fue formidable lo que logró?

Si tenéis ocasión de ver la película “En busca de la felicidad”, la cual os recomiendo, podréis conocer un trocito de la vida de Christopher Gardner. Con una dura infancia a sus espaldas, un par de trabajos mal pagados como comercial, decenas de facturas y multas sin pagar, y una vida sin muchas expectativas y con no pocas adversidades, Gardner encontró la oportunidad de su vida en una de sus visitas comerciales, y la tomó. Decidió que llegaría a ser corredor de bolsa, y abandonó todo lo que tenía para conseguir un sueño, aprovechar su oportunidad de ser feliz. No se rindió frente a todos los obstáculos que fue encontrando y, finalmente, lo consiguió. Hoy es un millonario, emprendedor, conferenciante, y filántropo que ha ayudado a muchísima gente sin hogar, entre otros, a tener una vida mejor.

Ahora piensa en tu gran sueño, porque a lo mejor no es tan imposible…

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