Quisiera hacerte una pregunta: ¿Cuándo fue la última vez que revelaste cuarenta o cincuenta fotos de tus últimas vacaciones, las pusiste en un album, llamaste a tus cinco o seis amigos más cercanos y les contaste cómo fue tu viaje o tus últimas navidades (algo más propio por las fechas, quizá) mientras enseñabas tus fotos y os tomábais un café en casa?, o mejor, ¿Qué fue lo más parecido a eso que has hecho recientemente?

Puede que la pregunta parezca un poco absurda, porque para entonces ya habrás colgado tus ciento setenta y dos fotos, que habrán sido comentadas por tus doscientos catorce amigos, algunos de los cuales ya estarán etiquetados en el álbum que has creado para tal efecto. Sin duda más rápido y eficaz.

La tecnología nos ha cambiado la vida radicalmente y ha supuesto una auténtica revolución en la manera de comunicarnos y relacionarnos. Accedemos y creamos información contínuamente, recibimos noticias e incluso ¡las creamos!, subimos fotos y videos apenas unos segundos tras su creación, nos enviamos mensajes y “wassaps”, “twitteamos” (¡e incluso “retwitteamos”!) y escribir en muros ya no es cosa de “graffiteros”, creamos eventos para el fin de semana, nos etiquetamos los unos a los otros, enviamos presentaciones y solicitudes de amistad con un sólo click… Se derribaron las barreras y se acortaron las distancias. Los kilómetros ya no nos dan pereza, y no existen excusas para no estar al tanto de todo lo que nos rodea. Y todo esto ha pasado en apenas unos pocos años…

Vivimos (peligrosamente) virtualizados, y cada vez más. Si te has enterado de la boda de un amigo por su muro de Facebook, si sabes gracias a Tuenti que una pareja de tu confianza ha tenido un bebé, o si a través de Twitter te has enterado de que un colega ha tenido un problema importante, tal vez deberías empezar a pensar que algo no va del todo bien. El problema de la tecnología viene cuando ésta nos desborda, cuando la herramienta que se suponía nos iba a facilitar la vida nos la termina complicando.

Hoy quiero escribir por un mundo un poquito más desvirtualizado, en el que seamos capaces de relacionarnos de manera más cercana, saber movernos dentro del mundo virtual y de las redes 2.0, aprovechar todo su potencial, conocer y darnos a conocer, y además, dar ese paso más que nos está faltando, salir de esa contínua virtualización, para cerrar el círculo y no ser parte de la tecnolgía, sino que ésta sea la que forme parte de nuestras vidas.

Porque las relaciones deben ser entre personas, no entre perfiles.

Os propongo algo. Haced un día de estos algo parecido al ejemplo que os pongo en forma de pregunta al principio del post. Ya me contaréis qué tal.

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