Seguro que en algún momento de nuestras vidas hemos dado, recibido o, al menos, escuchado ese consejo que dice que, para ser feliz, “hay que aceptarse a uno mismo tal y como se es”.

Y hay parte de razón en esta máxima… pero sólo parte.

Por supuesto, es fundamental aceptarnos a nosotros mismos, valorando nuestras virtudes y nuestras luces, y comprendiendo, respetando y aceptando nuestros defectos y sombras. Al fin y al cabo, la perfección no existe, y es sólo un ideal que nos debe guiar hacia nuestra superación. Aceptarnos es, por tanto, respetarnos a nosotros mismos, y esto es fundamental para estar en paz con nosotros mismos. El punto de partida desde el cual poder hacer grandes cosas.

Pero el hecho de aceptarnos y respetarnos, no debe ser un impedimento o un obstáculo al deseo de cambiar, de evolucionar. Y existe una cierta reticencia al cambio, así como una creencia más o menos generalizada de que es imposible, o casi imposible, que una persona pueda cambiar, especialmente a niveles profundos de personalidad y carácter.

Cambiar es posible. Nuestra herencia genética tiene un peso importante en nuestro carácter, nuestra forma de ser y nuestra forma de comportarnos en el mundo, pero no es en absoluto definitiva. Desde la infancia, y durante toda la vida, se sabe que la experiencia nos va moldeando, llegando incluso a provocar cambios físicos en nosotros, por medio del establecimiento de nuevas vías neuronales, como se ha demostrado científicamente.

Cambiar es totalmente lícito. No nos equivoquemos, estamos en nuestro derecho de aspirar a ser mejores personas, de evolucionar y de cambiar nuestro carácter y nuestra forma de ser si es preciso, y eso no nos lo debe quitar nadie. Y no es, para nada, una traición a nosotros mismos, ni a la educación que nos dieron en nuestra niñez. Debemos cambiar siempre y cuando sea nuestro deseo y vaya en línea con nuestros valores, principios y creencias. Este último punto es fundamental para poder conservar nuestra esencia y seguir siendo nosotros mismos. ¿Es realmente lo que deseas? ¡adelante con ello!

Y cambiar es, también, necesario, siempre y cuando deseemos crecer personalmente y alcanzar nuestros objetivos, sueños e inquietudes.

Sin embargo, y aquí viene la mala noticia, cambiar no es fácil (lo siento, nadie dijo que lo fuera). El cambio no es cómodo. Estamos acostumbrados a vivir, a ver las cosas y a responder a nuestro entorno de una determinada forma. Ese hábito, adquirido a lo largo de toda una vida (que se dice pronto), se ha convertido en nuestra “zona de confort” (un término que me encanta), y de la cual no tendremos más remedio que salir de forma más o menos frecuente si queremos obtener resultados.

Será imprescindible tener claro tu objetivo, la meta que persigues, el camino que deseas seguir.

Cambiar requiere tiempo, y a veces mucho (¿meses?, ¿años?), así que ármate de paciencia y asume, desde hoy, que todo cambio (en cualquier ámbito) implica tiempo, básicamente para poder cristalizar. Y este tiempo será mayor cuanto más profundo sea el cambio que busquemos. Podemos pretender cambiar a un nivel muy superficial (como puede ser un simple cambio físico o de estilo), a un nivel conductual que implique hábitos (como pueda ser adquirir habilidades o eliminar determinadas conductas), o a un nivel más profundo (nuestra propia forma de ser o de pensar).

Los grandes cambios no se consiguen sin disciplina. Si realmente quieres algo, deberás demostrarlo. En cualquier ámbito se necesita constancia, perseverancia y compromiso con el camino hacia el cambio para poder conseguirlo. No en vano, el objetivo que perseguimos es ciertamente ambicioso, y la recompensa valdrá la pena, lo que justifica (no te quepa duda) el esfuerzo invertido, que no gastado.

Y sobre todo, paciencia y capacidad para superar la frustración. Surgirán mil y un obstáculos por el camino. Cuenta de antemano con ello, pero considéralos retos o desafíos. Al fin y al cabo de esa manera se convierten en una motivación adicional y serán la prueba de que estás alcanzando el cambio que deseas.

En definitiva, y para cerrar este post, me gustaría animarte a alcanzar ese cambio que deseas en tí y en tu vida, y que a pesar de la dificultad que pueda entrañar, puedes conseguirlo, y seguro que merece totalmente la pena.

Para ser felices en esta vida, debemos luchar por ser aquello que deseamos ser

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