Seguro que coincidimos en que vivimos en un mundo difícil, en un momento complicado. Es algo que todos los días te cuentan las televisiones, los periódicos y las radios en forma de noticias que, además, tienen su eco en ese vecino que te comenta que “está la cosa mu malita” y “virgencita, virgencita, que me quede como estoy” porque “con la que está cayendo…”

Y yo te pregunto ¿se puede ser plenamente optimista tal y como está el percal?, ¿Tu qué opinas?…

Mi opinión es que estamos viviendo un momento de incertidumbre, de miedo, de ser muy conservadores, de no querer arriesgar lo más mínimo. Eso, los que tenemos algo. Y los que no, habitualmente conviven con la frustración y en una corriente de cierto pesimismo y resignación. No todos, pero sí la mayoría.

Desde “arriba” ya se preocupan por decirnos cómo están las cosas, nos piden y nos piden, y nosotros lo sufrimos. Vemos los datos, y nos echamos las manos a la cabeza. Y mientras todo esto pasa, esperamos que sean ellos los que saquen esto adelante, y esperamos porque al final, “esto terminará algún día”.

Y fíjate, mientras tanto, la vida pasa, el tiempo sigue adelante, el mundo gira, y yo veo a un puñado de gente que, “con la que está cayendo ahí fuera”, ha decidido que es buena idea salir y “cantar bajo la lluvia”. Son gente que ha decidido continuar adelante, que ha optado por nuevos caminos, y se ha atrevido a intentarlo. Algunos no tenían nada, otros han arriesgado. Y ahí están, sacando adelante ideas, iniciativas (Busca a César Martínez Dalmau, Paco Tamayo, Zumo de Empleo o Rubén Turienzo, por ejemplo…). A pesar de que, como te decía tu vecino, “la cosa está mu malita“. Y es que, si la cosa tuviera voz, a lo mejor nos diría a tí, a mí y al resto, algo parecido a “haced lo que queráis, siempre y cuando me ayudéis a estar mejor”.

optimismo

Yo pienso que se puede ser optimista. Es más, debemos ser optimistas. Hay una percepción equivocada del optimismo. El optimismo no es un fin que venga determinado por las circunstancias o por los éxitos/fracasos que hayamos tenido. No debemos preguntarnos “por qué hay que ser optimista”, sino “para qué debemos ser optimistas”. El optimismo no es un fin, es un medio para alcanzar metas y éxitos.

El optimismo/pesimismo, decía Seligman, es “la forma en que la gente se explica a sí misma sus éxitos y sus fracasos”. De esta manera, pensar desde el optimismo supone tomar conciencia de que nuestros éxitos se deben a factores internos y controlables, es decir, están en nuestra mano, y por tanto, cualquier fracaso que tengamos en nuestras vidas, es un aprendizaje.

El optimismo no es pensar que todo va a salir bien porque así lo pensemos, es ser consciente de que podemos conseguir grandes cosas porque está en nuestra mano tener éxito o no.

El optimismo, a través del pensamiento positivo, es abrir nuestra mente a las oportunidades que aparecen durante nuestra vida. Pensar en positivo supone orientar nuestra atención y encontrar todo aquello que deseamos. ¿Te suena la famosa “Ley de la Atracción”? cambiala por la “Ley de la Atención” y esto cobrará sentido.

El optimismo es ser consciente de que te puedes equivocar y aprender de tus errores para mejorar.

El optimismo es ser consciente de que hay soluciones, y por tanto supone abrir la mente, ser creativo e intentar otros caminos diferentes a los que todo el mundo sigue. El pesimista se pregunta si podrá conseguir algo. El optimista, directamente, se pregunta cómo va a lograrlo.

El optimismo es confianza, seguridad. Es saber que se puede lograr.

Y por supuesto, te hablo de un optimismo real, no de una utopía. El optimista también se encuentra con dificultades pero las supera. Robert Dilts habla de Walt Disney y su método de imaginería, indicando que “había en realidad tres Walts distintos: el soñador, el realista, y el aguafiestas“. Tal y como yo lo veo, esto es perfectamente aplicable al optimismo y al pensamiento positivo. Debemos ser soñadores, no rechazar nuestros sueños y metas, por locos que parezcan, pero siempre incorporándolos en un marco realista que nos permita hacerlos realidad, contando con todas las adversidades que puedan surgir. A partir de ahí, y sin miedo, trabajar en ellos, superando todas nuestras adversidades.

Yo te propongo algo. Vamos a crear un Club del Optimismo, y si todo esto te ha convencido, te apuntas conmigo. Y vamos a lograr muchos más socios que se unan a nuestra causa, para poder cambiar, día a día, un poquito más este mundo. Sé que hay gente que no tiene tan fácil aceptar estos planteamientos. Como digo, el optimismo no debe ser algo utópico. Seamos realistas, a veces la vida golpea de tal manera a algunas personas, que no puedes pedirles que sean optimistas así como así… pero para eso es necesario que otros lo sean, y que, con su optimismo, ayuden a los demás, a la gente que lo está pasando mal.

¿Qué me dices?, ¿Te apuntas al Club del Optimismo?

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