Si hace ocho años (¡cómo pasa el tiempo!) me hubieran preguntado si estaría dispuesto a escribir un post sobre mi profesor de Formación en 5º curso de carrera, os puedo asegurar, y podéis creerme, que el texto habría sido radicalmente distinto al que voy a escribir esta noche…

Será el paso de los años, el hacerme un poco más mayor, o lo que sea, pero ahora miro atrás y veo las cosas de otra manera. José María Prieto, que así se llamaba, era un docente de lo más estricto y crítico que ha pasado por las aulas que mis pies han pisado. Todos los viernes, a las nueve de la mañana, entraba por la puerta de ese aula del campus de Somosaguas un profesor con chaqueta y pajarita que traía una mochila que jamás he vuelto a ver (parecía de madera o algún material similar). Un tipo peculiar, sin duda. Pero se lo podía permitir.

Comparándolo con un personaje actual, y con las diferencias que pueda haber, yo lo recuerdo como un Risto Mejide de la universidad. Y nosotros, los alumnos, éramos sus triunfitos. Y por supuesto, jamás nos dejaba indiferentes.

Tenía una serie de reglas inquebrantables.

Puntualidad. “La clase empieza a las nueve en punto, no a las nueve y dos minutos”. Aquel que no la cumpliera, no entraba. Y ojo, lo cumplía a rajatabla.

Asistencia. Si faltábamos dos veces en todo el año, estábamos suspendidos. “Yo he venido a dar clase con cuarenta grados de fiebre”. Por supuesto, faltar a la norma de puntualidad implicaba un día de no asistencia…

Y la tercera gran regla que cada viernes, religiosamente, hacía cumplir, consistía en que un/a “voluntario/a” de su elección (yo tuve una racha “estupenda” en este sentido) debía explicar qué conclusión había sacado de la clase anterior… y este es precisamente el gran aprendizaje que saco de mi experiencia con este buen profesor.

Lo que Prieto nos pedía, no era que le recitáramos palabra por palabra alguno de los temas que habíamos visto. Lo que Prieto pretendía, era incitarnos a la reflexión, a crear una generalidad de una enseñanza concreta, a sacar conclusiones, hacer razonamientos,… “¿qué conclusión has sacado de la clase anterior?” preguntaba, con gesto serio, mientras señalaba a su “elegido/a”.

Esta tarde he publicado en mis diversas cuentas en redes sociales que “siempre puedes aprender algo de todos y de todo lo que nos rodea”. ¿Qué has hecho hoy?, ¿Qué has visto o qué te han contado?, ¿Te ha pasado algo que te haya hecho pensar?… ¿Qué conclusión sacas de ello? Eso es aprender.

Aprender no significa memorizar; memorizar algo te va a servir para limitadas ocasiones, en las que eso concreto que has grabado en tu cabeza, va a tener que encajar perfectamente en el contexto en que lo apliques, lo vas a tener que meter con calzador. Aprender es razonarlo, entenderlo, y sacar una generalidad, una conclusión, un aprendizaje que te aporte algo y aporte a los demás… Y a su vez, que los demás piensen sobre ello, que reflexionen y le den una vuelta más.

Los estudios, las teorías, no sirven de nada si no extraemos conclusiones, si no extrapolamos sus resultados a la realidad.

Podemos aprender de cualquier libro, de cualquier película (“¿y de las de Chuck Norris?” bueno, no se, tengo mis dudas, pero ¡seguro que también!), de cualquier canción que escuchemos, de esa frase que has oído en el metro, o que te han contado en el trabajo, o de ese tweet que ha sido retweeteado y requeterretwitteado, de esa metedura de pata que tuviste ayer por la mañana

Aprender no es memorizar. Aprender no depende de quién te enseñe o cuál es la fuente de ese conocimiento. Aprender depende de quien lo desea.

Cualquier acción formativa, cualquier enseñanza, gana y mucho con esta premisa. Lo que memorizamos, se olvida con el tiempo. Lo que reflexionamos, lo hacemos nuestro, le damos un significado y lo integramos en nuestros esquemas mentales. Eso no se pierde. Por ello estoy convencido de que toda formación debe ir en ese sentido, con ese objetivo. Se terminarían los bostezos delante de las slides hechas en Powerpoint, y los alumnos sacarían cada día varias lecciones de su propia cosecha. Es precisamente la conclusión que saco de mi experiencia con este profesor.

Y tu, ¿Qué conclusión has sacado de tu día? Espero que muchas y muy valiosas.

Buenas noches a todos y a todas…

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