…y te diré cuánto confío en tí.

Como ya sabes, hoy en día gran parte de las oportunidades profesionales se consiguen a través de contactos. Llámalo “boca a boca”, networking o como mejor te parezca. Al fin y al cabo, son la misma cosa, referencias. Sí, sí, referencias, como las típicas que alguien puede llegar a pedir de tí y de mí para contrastar información y tomar decisiones sobre qué hacer con nosotros.

Y en este caso concreto quiero centrarme en aquellas que son proactivas, que nosotros mismos movemos entre nuestros contactos por iniciativa propia o en respuesta a una necesidad concreta. Ya sea para cubrir un puesto en una compañía, para presentar un posible socio a un particular o para un trabajo de pintura o electricidad a un conocido. Referencias.

Olvídate de los enchufes. Tengo comprobado que en este país se lleva mucho aquello de “ese es un enchufao…“, restando méritos a la gente, reduciendo el éxito a ser “el amigo de…” o “el primo de…”. En serio, olvídate de los enchufes (salvo de los que tengas rotos en casa, claro). Y existen, sí, pero no es de lo que te hablo.

¿Por qué considero que las referencias son importantes?, ¿Y por qué dedicarle un post al tema?

Referenciar a alguien es, ante todo, un acto de responsabilidad. En el momento en el que tú presentas a una persona y recomiendas contar con ella, estás haciendo una apuesta personal. ¿Qué pones sobre la mesa en esa apuesta? tu criterio, tu seriedad o (por qué no) tu prestigio. Automáticamente, esa persona pasa a ser “el referenciado de…”, o “el recomendado de…”. Al referenciarlo, no solamente lo presentas y te quitas de en medio. Lo estás patrocinando, lo estás avalando desde tu criterio y conocimiento. Si esa persona falla (y no te hablo de que no de el perfil en una entrevista a posteriori), te habrá fallado a tí directamente, y tu imagen, tu credibilidad… perderán puntos.

Referenciar a alguien es, también, ofrecer una solución a una necesidad. Por ejemplo, si sabemos que alguien necesita un buen comercial que conozca determinado sector, debemos referenciarle a la persona adecuada. No olvidemos buscar el beneficio de la otra parte. Así ganaremos credibilidad y conseguiremos que depositen confianza en nosotros (y por tanto, nuestros futuros referenciados se verán beneficiados, piensa también en ellos).

Y referenciar a alguien es darle una oportunidad. Hoy en día es fundamental que conectemos personas con oportunidades (esto he empezado a valorarlo gracias a César Dalmau, @CesarDalmau en Twitter, o asistiendo a eventos como la Pinkslipparty), pero debemos hacerlo si realmente creemos en ello. No se trata de hacer favores indiscriminadamente o porque sí. Se trata de saber en quién podemos confiar.

¿Qué considero importante tener en cuenta a la hora de referenciar?

– Sé selectivo/a a la hora de referenciar. No se trata de referenciar indiscriminadamente, sino de llevar a las personas adecuadas hacia las oportunidades adecuadas. No pierdas crédito recomendando sin criterio.

– Pregúntate (y cuestiónate) si tú confiarías en esa persona para ese trabajo concreto. Preséntala si de verdad crees y confías en él/ella porque te estás jugando mucho aunque no lo parezca. No importa que sea tu amigo/a si crees que te puede fallar, y creeme, a mí me ha pasado estrepitósamente.

– Piensa por qué crees que esa persona merece una mención especial por tu parte. Qué ha hecho tan bien como para que lo referencies, por qué motivo crees que debe ser especialmente bien valorada.

– Asegúrate de conocer bien a quien referencies. Tu recomendación ganará más peso, más credibilidad, si sabes de quién hablas. Comenta por qué lo presentas, qué puntos fuertes, conocimientos o habilidades tiene, qué aporta y qué valor añadido puede dar.

– Si no conoces directamente a la persona que presentas, hazlo saber y deja en manos de quien corresponda el 100% de la valoración. En cualquier caso, yo recomiendo indicar de dónde te ha llegado la referencia.

– Haz seguimiento, en la medida de lo posible. Procura saber qué resultado ha dado la persona, o cuál ha sido la valoración. Que recuerden que fuiste tú quien les presentó a ese gran profesional.

Pienso que es fundamental dar la debida importancia a este tema. No se trata de referenciar a un amigo por echarle un cable, sino de ayudar a tu amigo, a quien se lo presentas, y a tí mismo/a. Puedes ser un mal referenciante, un buen referenciante, o un excelente referenciante, y a estos últimos siempre se les recuerda cuando hace falta alguien de confianza. Porque con ello das a entender que comprendes las necesidades, buscas el beneficio de la otra persona/organización, y tienes criterio suficiente para satisfacer a ambas partes.

Referenciar deja huella, tanto para bien, como para mal.

Y tu ¿Qué oponas? cuando referencias a alguien ¿Te paras a pensar bien por qué lo haces?

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