Pues bien, las primeras me sirven, sin ir más lejos, como pretexto y excusa para que leas este post. Porque seguro que en algún momento has oído hablar del llamado “efecto mariposa” y si no es así, no te preocupes que yo te lo cuento. Esta teoría dice que “el aleteo de las alas de una mariposa puede provocar un Tsunami al otro lado del mundo”

Resumiendo mucho, mucho, mucho… se podría decir que esta teoría habla de una relación causa-efecto pero a gran escala. Algo tan simple como el aleteo de una mariposa es causa de un efecto enorme en forma de Tsunami… y entre ambos acontecimientos, habría una gran cantidad de pequeños eslabones que son sucesivas causas y efectos que se van sucediendo, como fichas de dominó puestas en fila…

butterfly-effect

Pues bien ¿para qué sirve tu trabajo? y lo mejor ¿por qué hago esta pregunta y por qué te cuento antes el rollo de las mariposas?

Una de las muchas causas que pueden generar desmotivación en un puesto de trabajo, es la percepción de una ausencia de sentido en aquello que hacemos día tras día. Nos gusta saber que nuestro trabajo tiene una utilidad y el sentir que nuestro trabajo sirve para muy poco, o incluso para nada, resulta frustrante, desmotivador.

Pero hagamos el ejercicio de preguntarnos para qué sirve nuestro trabajo situándolo en el lugar de esa mariposa que mueve sus alas, y miremos  hacia el Tsunami que en última instancia provocan. Pensemos en lo que nuestras acciones generan, pero no fijemos nuestra atención en el eslabón que sigue de manera inmediata, y miremos a lo que a su vez generan las consecuencias que provocamos. Y así sucesivamente. ¿Lo conseguís?

Por ejemplo, imaginad que me dedico al montaje de airbags en turismos, y que solamente hago eso. Puedo pensar que mi trabajo sirve para que los vehículos tengan ese airbag que la compañía anuncia a los cuatro vientos, o puedo pensar que mi trabajo sirve para salvar vidas porque he hecho una instalación correcta del dispositivo, he cuidado cada detalle y he procurado hacerlo todo a la perfección. Diferente, ¿verdad?

Cuando aplicamos esta visión a la percepción que tenemos de nuestro trabajo, nuestra forma de verlo cambia totalmente. Nos sentimos más motivados, porque tiene un sentido, una aportación al mundo. Como consecuencia, lo hacemos con mayor satisfacción, sabemos cuál es el objetivo último de ese cometido y por tanto ponemos una mayor implicación. No es lo mismo decir “me dedico a montar airbags” que “instalo dispositivos de seguridad que aumentan notablemente las probabilidades de salvar la vida en caso de accidente de tráfico”. Y realmente es lo que se hace, pero el sentido es totalmente distinto, más amplio, más importante.

Es una cuestión de sentir que somos parte de un todo, y que sin nuestra primera aportación, el resto de eslabones no existen. Por tanto, somos parte de un objetivo mayor, que es la culminación de toda una cadena de acontecimientos…

Así que, ¡movamos fuerte nuestras alas y sintámonos orgullosos de la fuerza atronadora que desplegamos al final de la cadena!

Y bien… ¿Para qué sirve tu trabajo? ¡que pases un buen día y generes poderosos Tsunamis!

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