La primera película que recuerdo haber visto en mi vida es Superman, de Richard Donner, con Christopher Reeve en el papel principal. No sé cuántas veces la habré visto, pero recuerdo cada detalle, y prácticamente creo que jamás olvidé todos y cada uno de los momentos del largometraje. Por eso, independientemente de su calidad como película, siempre suelo decir que es mi clara favorita.

Aquel Superman tenía algo. Tenía presencia, transmitía seguridad, confianza, bondad, fuerza… me parecía mágico como engañaba a todo el mundo ocultando su identidad bajo unas simples gafas y un ligero cambio de peinado. En mi opinión, gran parte del mérito recaía en un joven y brillante actor, prácticamente desconocido hasta la fecha, llamado Christopher Reeve.

Mi admiración por el personaje y por el actor que (mejor) lo encarnó no pasaría de cierta nostalgia de no ser por el fatídico accidente que Reeve sufrió en Mayo de 1995 durante una exhibición de hípica y que lo mantuvo más de nueve años atado a una silla de ruedas, prácticamente inmóvil y dependiendo de un respirador artificial. Aquel suceso marcaría su trayectoria vital y lo haría trascender.

Tras los difíciles primeros meses, Christopher se planteó si seguir o no luchando por recuperarse. Y cuentan que su mujer, Dana Reeve, pronunció las palabras que serían su punto de inflexión: “¿Sabes qué? sigues siendo tu. Mientras sigas siéndolo, estaré contigo. Hasta el final. Podemos hacerlo juntos” (esta frase inspiró el título de su libro, “Still me”)

Aquel accidente cambió su vida para siempre… pero no la paró. Consideraba que, a pesar de estar paralizado físicamente, no lo estaba mentalmente. Desde ese momento, comenzó su lucha por recuperarse, por volver a ser el que era. Pero también, encontró su lugar en el mundo, un lugar que no estaba previsto y que no esperaba tener. Poco después del accidente, creó la Fundación Christopher Reeve con la firme intención de conseguir una mayor investigación que ayudara a personas en su misma situación, de quienes fue, por así decirlo, portavoz. Se comprometió y se involucró en la causa hasta límites insospechados, trabajó en la recaudación de fondos y su nivel de estudio y de investigación le proporcionó un conocimiento cercano al de los expertos en la materia… A pesar de todo ello, jamás dejó de lado su profesión, y continuó actuando y dirigiendo (cuentan que dedicaba innumerables horas de incansable trabajo). Michael Manganiello, co fundador de la Fundación C. Reeve, afirmó que “Su verdadero legado es que una persona puede cambiar las cosas. Mucha gente cree que los problemas son demasiado gordos, que es demasiado y que no pueden hacerlo. Ese es el mensaje que pasaba cuando iba a hablar a grupos. Tú puedes cambiar las cosas”.

Christopher Reeve, “aventurero, deportista, piloto, navegante y pianista”, como lo definió su compañera Jane Seymour, “nunca dejaba nada a la mitad”. En palabras de la propia Seymour, “transformó la adversidad en una extraordinaria oportunidad que siempre tendrá repercusiones en el mundo”. Ante las tremendas adversidades que la vida nos depara, siempre seremos responsables de la manera en que las afrontamos. Podemos echar la culpa a las circunstancias, a la mala suerte, o podemos excusarnos en las limitaciones que tenemos, pero eso jamás va a cambiar las cosas.

Christopher Reeve falleció hace ocho años, el 10 de Octubre de 2004, dejándonos un legado que inspira valores como:

– La proactividad: jamás dejó en manos de las circunstancias o los juicios ajenos su destino. Decidió seguir adelante y actuar a pesar de las limitaciones. Cambió su mentalidad y decidió ver la desgracia desde un punto de vista optimista y positivo.

– La perseverancia: nunca se rindió, a pesar de las evidentes dificultades y obstáculos que tuvo.

– La generosidad: decidió que su fin último sería trabajar para poder ayudar a personas en su misma situación.

Si Christopher Reeve, así como muchas otras personas con grandes limitaciones, pueden lograr grandes cosas, pueden cambiar el mundo, entonces son dignos de admiración y ejemplo. Por eso, para mí, siempre será el auténtico Superman.

“Una actuación maravillosa hace bien al mundo, pero lo que Christopher Reeve hizo después de ese terrible accidente fue más de lo que estaba preparado para hacer en toda su carrera, y por mucho que me entristezca que no viviese más tiempo, creo que usó maravillosamente su vida, siempre, pero sobre todo al final”

– Marion Seldes (Profesora de C. Reeve) –

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