Quiero escribir este último post del año para dejaros una reflexión. Parece que, como quien no quiere la cosa, hemos llegado al final de 2012. Ese año apocalíptico según los Mayas (o más bien, nuestra interpretación de sus predicciones), marcado por los recortes, las huelgas, las manifestaciones, el paro, los deshaucios… pero también por las grandes ideas de un puñado de emprendedores que decidieron (y supieron) adaptarse a un nuevo modelo profesional. Todo depende de lo que queramos ver (y lo que nos quieran enseñar).

Y nos preparamos para recibir a ese año 2013, cuyo inicio está muy próximo, a tan solo unas horas de “distancia”. Una fecha quizá poco afortunada para los que padecen de superstición crónica. Pero al fin y al cabo, un nuevo año que, para bien o para mal, formará, al igual que el que dejamos, parte de la historia. Nuestra historia.

Lo que más me gusta de estas celebraciones es el evidente punto álgido que alcanza nuestro optimismo y que se traduce en un entusiasmo desmedido por el cambio y los nuevos proyectos que vamos a acometer. Porque este año que empieza ya tiene un título ¿verdad?: “nuestro año”. Ese en el que vamos a despuntar profesional y/o personalmente. Ese en el que vamos a dar un salto de calidad, vamos a ser mejores personas, mejores padres/madres, mejores profesionales, etc… Y para ello nos hacemos buenos propósitos… ay los buenos propósitos…

En definitiva, nos invade un optimismo y un positivismo que da gusto. Un “buenrrollismo” como no hemos tenido los anteriores 364 días (o 365, según el año).

Businessman Wearing Cape

Lo malo que tiene es que este entusiasmo parece tener fecha de caducidad, y es que pasada la fiesta, empieza una cuesta abajo hasta el punto inicial y volvemos a la inevitable y dura rutina. A nuestros hábitos de siempre, a nuestra monotonía diaria, y a guardar esos proyectos de nuevo en el cajón, como si fueran junto con los vestidos y trajes que sacamos para celebrar.

Y ahí es donde entra mi reflexión, sobre la que me encantaría que opinárais: ¿Y si esa energía, esa tremenda chispa que se enciende en estos días, se pudiera replicar y mantener viva el resto del año? Llamadlo ilusión, motivación, entusiasmo, pasión, optimismo, etc… llamadlo como queráis. ESA (y sí, lo subrayo y pongo en negrita) es la energía que nos impulsa y es capaz de canalizar nuestro mayor talento, lanzándonos hacia el éxito en todos los ámbitos de nuestra vida. ¿Y si nos guiáramos por nosotros mismos, por esa visión positiva de la vida que se concentra en estos días, en lugar de hacerlo por los medios, la clase política, por esas voces que nos hablan de lo duro que va a ser el año o del “esfuerzo de los Españoles” entendido como un tremendo sacrificio sólo asumible por un determinado colectivo? 

Visualizadlo por un momento. Imaginaos recorriendo el año 2013 impulsados por esa fuente de energía y hacedla inagotable. Que cada día de vuestro año sea una especie de Nochevieja. Que vuestros propósitos se conviertan en compromisos (Ese, y no otro, es el ingrediente que te falta para sacarte el carné, ir al gimnasio todos los días, o aprender inglés, entre otros muchos). Escribidlos, compartidlos, gritad al mundo que no intentaréis cumplirlos, sino que, de hecho, lo vais a hacer. Imaginaos en vuestro día a día, en vuestros proyectos personales o profesionales, mostrando esta misma actitud. ¿Por qué no?, ¿Por qué no hacer que este año, realmente, sea “nuestro año”? y si necesitáis 12 uvas de vez en cuando para creer en ello, no os preocupéis, me apunto con vosotros.

Lo importante es que entendáis que esto que nos pasa por la mente y el espíritu no es un espejismo, no es necesariamente pasajero, sino que es eso, una chispa, y como tal, sirve para encender una llama. Vuestra será la responsabilidad de mantenerla viva durante el año y alumbrar todo a vuestro alrededor. Y así, os lo aseguro, conseguiréis grandes cosas. Ya me lo contaréis cuando hagáis balance a las puertas de 2014…

Os deseo todo lo mejor para el año que comienza. ¡Vamos a por el 2013!

Anuncios