“La primera vez que saliste de tu zona de confort, y posiblemente la más dura,

fue nada más nacer”

 

Si en algún momento has estado interesado en mejorar tu vida en alguna de las áreas que la componen, seguro que has escuchado o leído con bastante frecuencia el término “zona de confort”. Se trata de un concepto clave e indispensable en todo proceso de cambio y, si me lo permites, algo básico para el llamado espíritu de superación.Yo definiría la zona de confort como aquella situación, momento, conjunto de circunstancias o repertorio de hábitos y acciones que resultan cómodos para la persona y repecto a los cuales se tiene una percepción de seguridad, control, tranquilidad y poco o nulo nivel de riesgo. Lo que queda fuera de esta zona supone incomodidad, hostilidad, esfuerzo, necesidad de adaptación, novedad, riesgo, malestar… En definitiva, cosas que no terminan de agradarnos pero que de seguro a la larga nos reportarán más beneficio que quedarnos anclados al cómodo sofá de casa. Es como cuando al alimentarnos decimos aquello de ‘¿por qué todo lo que es sano está malo’?. Vale, es algo parecido y siempre según los gustos de cada cual, pero me entendéis ¿verdad?

Salir de esta llamada zona de confort es necesario si queremos evolucionar. De hecho, la humanidad siempre ha necesitado dar este paso para alcanzar los más grandes hitos de su historia. Es más, la primera vez que saliste de tu zona de confort, y posiblemente la más dura, fue nada más nacer… de hecho, fue para nacer. Fuera de ella necesitamos adaptarnos, esforzarnos, sobrevivir… pero una vez nos hemos hecho a ella, nos acostumbramos y logramos ampliarla. Conquistamos el territorio más allá de nuestra zona y nos hacemos más grandes, tenemos más campo de acción. Podemos ir a un siguiente nivel. Es como la lava de los volcanes, que sale a la superficie, se enfría, se solidifica y va haciendo más grande al volcán. Es ese campamento del que nuestros ancestros tenían que salir si querían cazar y, por tanto, sobrevivir. Era duro, pero ello les obligó a generar medios para sobrevivir fuera, tales como el uso de pieles para protegerse del frío, la creación de armas con palos y piedras… ‘La función hace al órgano’ decía Lamarck al hablar de la evolución de las especies.

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Tus primeros pasos pueden ser difíciles pero con el tiempo… ¡verás que vale la pena!

Salir de la zona de confort no es algo sencillo. Y si te lo dicen, ponlo muy en duda. No se trata de ser valiente y dar el paso sin más, exponerse. Si fuera así de sencillo, la gente no tendría tantos problemas para afrontar el reto… En mi opinión, hay una serie de puntos que debes tener muy en cuenta:

– Primero: Márcate un objetivo áltamente recompensante. La fuerza de atracción de lo que te espera fuera debe ser mayor a la de tu zona de confort. Trabaja en tu objetivo, procurando que este sea motivador (tanto para tí como para las personas que te rodean si es posible), significativo, alcanzable, medible,…

– Segundo: trabaja en tu nivel de compromiso antes de andar el camino. Toma conciencia de la dificultad, porque no va a ser fácil, por mucho que otros te lo digan. No es sencillo, y puede llegar a ser un camino complejo, difícil y duro. Puede que te venga bien caminarlo con ayuda, no lo dudes.

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“…todo camino empieza por un primer paso, pero no termina en él”

– Tercero: Programa tus pasos más allá de “la zona”. Está claro que todo camino empieza por un primer paso, pero no termina en él. Es cuestión de método, trabajo y constancia. Repito, método, trabajo y constancia. Se trata de visitar con frecuencia y con acciones o tareas concretas lo que hay fuera de tu área de control. No pretendas hacerlo de golpe, piensa en progresión, como cuando buscamos aumentar nuestra forma física. Con la práctica habitual te irás aclimatando a esas situaciones que te generan miedo o incertidumbre. Márcate metas que puedas ir alcanzando y celebra cada una de ellas. Poco a poco te irás dando cuenta de que todo aquello que antes era un suplicio, ahora te sale solo.

– Cuarto: No esperes resultado a corto plazo. El cambio o la recompensa llegarán con el paso del tiempo, pero hasta entonces, el compromiso debe ser firme, y tus visitas más allá de tu zona deben ser una costumbre habitual. Y tropezarás, no te quepa duda. Te equivocarás, y fallarás, y te darás más de una leche. Pero sólo siendo persistente podrás hacer confortable aquello que es hostil o difícil.

– Quinto: Aún hay mucho por descubrir. Para cerrar el círculo, me remitiré a la idea inicial. La zona de confort no es algo de lo que huir, sino algo que ampliar. Esa es la idea.

Por lo tanto, salir de nuestra zona de confort es un proceso cíclico que puede durar toda una vida. ¿Te atreves a conquistar nuevos territorios?, ¿te atreves a ser más grande?

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