“El éxito se logra mediante el desarrollo de nuestros puntos fuertes, no mediante la eliminación de nuestras debilidades” Marilyn Vos Savant

¿Recuerdas aquella escena de la película ‘Superman’ (Richard Donner, 1978) en la que el ‘hombre de acero’ entra en la guarida de Lex Luthor para detener su malévolo plan? En la versión extendida del film, el protagonista pasa por una serie de trampas que incluyen balas, fuego y frío extremo sin apenas despeinarse. Pero cuando llega a su objetivo, es reducido por su enemigo con una simple piedra de kriptonita. El más grande de los superheroes, capaz de lo imposible, doblegado por exponerse a un trozo de piedra. Así de sencillo, pero al fin y al cabo, era su particular debilidad.En cualquier caso, no se trata de algo de lo que Super deba avergonzarse ni mucho menos. Me han contado que Aquiles, por ejemplo, tenía algún problemilla con su talón, que a Sansón le salió caro el corte de pelo, o que el amor de Narciso por sí mismo terminó, digamos, trágicamente.

Ficción o leyenda, está claro que hasta los mayores héroes de nuestro imaginario colectivo son potencialmente vulnerables. Y a pesar de ello no abandonaron ni cejaron en su empeño de lograr grandes gestas. No se volvieron paranoicos con su flaqueza sino que la aceptaron y aprendieron a convivir con ella. Tal vez por eso nos gustan, nos divierten y nos atraen. Estoy seguro de ello. Porque esto nos acerca a ellos, los hace más humanos. Y porque en el fondo, queremos verlos caer, desvanecerse, ser golpeados donde más les duele, a sabiendas de que tarde o temprano volverán a levantarse, más fuertes si cabe. Queremos creer que se puede.

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Y es que, al igual que nuestros héroes, todos tenemos nuestra/s debilidad/es. Da igual el ejemplo que me quieras poner. Como se suele decir, “nadie es perfecto”. Lo peor es que estés convencid@ de serlo, porque tarde o temprano tendrás que enfrentarte a tu punto débil, a tu kriptonita o a ese maltrecho talón que tantos disgustos te da, y entonces, más te vale estar preparado para superarlo y que ese punto flaco sólo sea parte de tu desafío y no tu perdición.

Es ahí donde los héroes y heroínas de cada día demuestran de qué están hechos. Cuando nos centramos en nuestras virtudes y extraordinarias capacidades, confiamos en ellas y las usamos como mejor sabemos para hacer lo que tenemos que hacer, podemos compensar y casi obviar esas flaquezas que nos hacen tambalearnos en determinados momentos del camino.

De modo que lo mejor será asumir esa condición de seres imperfectos que nos hace tan increíblemente humanos y aprender a convivir con ella, aceptando con naturalidad nuestras flaquezas y trabajando nuestras fortalezas para superar cada obstáculo que se nos presente. Ahí está el reto.

Porque, a pesar de la kriptonita, seguimos siendo seres extraordinarios

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