“El único verdadero viaje de descubrimiento consiste no en buscar nuevos paisajes, sino en mirar con nuevos ojos” (Marcel Proust)

Si me permites que te de un consejo para este verano, te diré que viajes. Lo sé, puede parecer de cajón, redundante o típico. Pero no todo el mundo lo hace, y además lo que te voy a pedir es que viajes lejos, todo cuanto puedas. No te pongas límite, ni económico, ni geográfico. Viaja como te apetezca y tan lejos como te veas capaz. No necesitarás grandes lujos, ni muchas estrellas recibiéndote en el cartel del hotel en el que te hospedes. Las palabras “Business” o “Primera Clase” no son necesarias en tus billetes de embarque. Busca una cultura diametralmente opuesta a la tuya. Si puedes disfrutar de paisajes espectaculares, genial… pero intenta, de la misma forma, vivir experiencias y momentos estimulantes, que tu viaje no sea sólo un placer para los sentidos, sino también para el espíritu.

YES, YOU CAN!

Este año, mi viaje ha sido de tres semanas a Tailandia. El más grande, con diferencia, que he hecho hasta la fecha. Si hace dos o tres años me hubieran preguntado, seguramente habría visto el destino como algo casi inalcanzable. Pero el verano pasado, mi novia y yo nos propusimos hacer un esfuerzo durante los doce meses siguientes para poder cumplir el sueño. Por eso, cuando hoy me comentan (desde el buen rollo) la suerte que tengo por este “peazo viajecito”, sólo puedo decir que la suerte la fuimos construyendo en detrimento de otras pequeñas cosas que sacrificamos. Todo tiene su coste, por supuesto. Pero se puede.

INCOMÓDATE Y VÍVELO

Lo que aporta auténtico valor añadido al viajero es, precisamente, vivir el viaje tanto como se pueda, y dejar en manos de otros lo justo y necesario. A veces, reducir comodidades permite aumentar la experiencia. Pero cuidado, hablo de incomodidad, no de temeridad. Hablo de… “buscarse la vida”, “saber desenvolverse”, etc…

Es lo que ocurre cuando llegas a un lugar y lo primero que te preguntas es “¿Qué narices hago yo aquí?”. Y a partir de ahí, te toca averiguar cómo moverte, cómo entenderte con la gente, cómo funciona el comercio, el transporte, cómo debes comportarte… es una labor previa al viaje pero que continúa durante la travesía. Y eso, a la fuerza si hace falta, te llena y te hace más partícipe de la experiencia, y te demuestra tu capacidad para salir adelante, sobrevivir, manejarte en entornos distintos o extraer de tu interior recursos que ni sospechabas tener.

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DISTINTAS REALIDADES

Otro aliciente es descubrir que tu realidad, la que creías como válida, no es la única. Que existen otras realidades igualmente válidas. Económicas, religiosas, gastronómicas, normativas, estilísticas… lo normal en tu entorno puede ser infrecuente en el otro lado del globo. Y lo que se sale de tus esquemas en casa, entra dentro de la normalidad más absoluta cuando llegas a otras latitudes. En definitiva, abre (un poquito más) tu mente.

RELATIVAMENTE FELICES

Siempre he pensado que la felicidad es algo muy relativo. Mirad si no a Cristiano Ronaldo y aquel célebre “Estoy triste y el club lo sabe” que indignó a no poca gente este año.

La felicidad es muy relativa, insisto. Me lo dijo la sonrisa constante que ví en muchas personas con pocos recursos materiales, y me lo creo totalmente. Quizá estoy demasiado acostumbrado a ver caras largas en el autobús, el metro o los restaurantes, y por eso me choca que todo te lo digan sonriendo y con algún que otro chascarrillo.

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Es posible que haya visto ya muchas discusiones por adelantamientos inadecuados o incluso por buscar un asiento libre en el metro y por eso me choquen la comprensión y amabilidad cuando las veo.

Se trata de filosofías distintas, formas diferentes de ver la vida.

EL VIAJE CONTINÚA

Aunque regresé de mi viaje hace casi dos semanas, aún continúo mi travesía. Pero esta vez se trata de un viaje más interior. Llámalo espiritual y/o intelectual. Al menos una vez al día recuerdo algo de allí. No lo hago conscientemente, me vienen recuerdos a la mente, es inevitable. Procuro no olvidar nada de lo que viví allí. Y trato de sacar alguna lección, algún aprendizaje, alguna conclusión, algo que interiorizar. Es inevitable compararlo con lo que veo y vivo aquí. Y es beneficioso, porque me permite valorarlo y cuestionarme qué es lo que más me favorece, lo que más me aporta.

Sentir curiosidad, indagar, estudiar acerca de la cultura, la religión y las costumbres del lugar al que has viajado, es una estupenda forma de continuar el viaje y que éste te permita crecer, de modo que, si vale la pena y se vive al máximo, un viaje puede empezar, pero nunca termina…

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