“Un adulto creativo es un niño que ha sobrevivido”

Ken Robinson

Cuando yo era un crío, uno de mis momentos más felices, era sin lugar a dudas “el día de las notas”. Significaba el final del curso de manera oficial, y el inicio de unas largas vacaciones de Verano en las que poder descansar, jugar, o hacer lo que quisiera.

El ritual consistía en reunirnos todos en la clase, e ir uno por uno recibiendo el cartoncito blanco, azul o amarillo con las calificaciones correspondientes en cada materia. Y al final del cartoncito, era habitual que el profesor o profesora hicieran alguna anotación sobre el alumno. Era ese bonus track que personalizaba un poco esa fría sucesión de PA o NM (Progresa Adecuadamente o Necesita Mejorar) que conformaban la valoración final de nuestra evolución durante el curso.

EL PEQUEÑO AERONÁUTICO

Recuerdo con especial cariño (de verdad) una que me pusieron y que venía a decir, literalmente, que “si no se entretuviera haciendo aviones de papel para sus compañeros, sería brillante”. Es cierto, y recuerdo vívidamente un momento concreto en el que tenía una enorme demanda de “clientes” que querían su avión de papel. Parece que se me daba bien esto de la aeronáutica papelera a pequeña escala. Y además disfrutaba con todo el proceso de creación y reparto de aquellos avioncitos.

1340788857_4d93726e12

Sin embargo, para mi “seño” este hecho estaba interfiriendo de alguna manera en mi desarrollo, me impedía brillar. Pero, ¿En qué materia o área podría brillar si esto no me estuviera frenando o distrayendo?, ¿Matemáticas?, ¿Literatura?, ¿Ciencia?…

BUSCANDO LA VOCACIÓN ESCONDIDA

A mi modo de ver y pasados los años y las páginas, en aquella conducta había algo. Había vocación, por decirlo de alguna manera, y tal vez un potencial talento por desarrollar (lo que sería “lo mío”, como contaba en otro post). No me refiero a vocación por la aeronáutica y talento para diseñar enormes pájaros metálicos. No se trata de ser literales. .

Se trata de leer entre líneas, indagar, extrapolar, extraer lo que encerraba aquella afición. Aquello era una conducta visible que reflejaba ciertas motivaciones que eran las que me llevaban a llevarla a cabo. Por un lado me gustaba crear, desarrollar algo desde cero, algo atractivo, diferente, diseñar. En ese momento eran aviones, porque era lo que demandaban los compañeros, pero podrían haber sido figuritas, o comics, da igual. Recuerdo, por ejemplo, grandes momentos en casa de mi amigo Dani, inventando y dibujando historietas sobre nuestros adorados “Transformers”. En definitiva, había creatividad, algo en lo que, tal vez, sí podría brillar.

Por otro lado, me gustaba compartir, crear para los demás, difundir… y disfrutaba con lo que estaba haciendo. Me gustaba todo el proceso, no sólo el resultado final. Y me veía tan inmerso en él, que estaba completamente en otro mundo. Cuando dibujaba un avión, era normal oírme hacer el ruido de los motores.

Es algo parecido a lo que en Psicología se denomina “fluir”, término acuñado por Mihaly Csikszentmihalyi, y que se refiere al “estado mental operativo en el cual la persona está completamente inmersa en la actividad que está ejecutando”.

EL VUELO CONTINÚA

Y a día de hoy, sigo creando.

Donde antes había aviones de papel, hoy hay vídeos musicales, tarjetas de felicitación, o este mismo blog. Si antes compartía para jugar con mis compañeros de cole, hoy lo hago con mis amigos, familiares y el resto de mi red.

Conclusión: hay un denominador común entre aquellos trabajos manuales y mis aficiones actuales.

Es algo que ha perdurado en el tiempo y, en cierto modo, soy ese niño que ha sobrevivido, como dice la cita con la que inicio este post (y que a su vez encontré en el libro “Quién eres tú”, de Laura Chica)

¿POR QUÉ SEGUIR LO CONVENCIONAL?

El nuevo Jor-El (Russell Crowe) se preguntaba lo siguiente en ‘El Hombre de Acero’ (2013): “¿Y si un chico soñaba con convertirse en algo distinto de lo que la sociedad tenía previsto para él?, ¿y si aspiraba a algo más?” 

Algo así podríamos preguntarnos en el mundo real que vivimos. ¿Qué ocurre cuando alguien sueña con algo diferente a lo convencional o a lo que podríamos denominar “deseable socialmente”? por ejemplo, nos parece una genial idea si alguien dice que quiere ser informático, estudiar ADE o ser funcionario. Pero ¿qué ocurre cuando alguien dice que quiere montar algo por su cuenta o que desea ser pintor, escritor, actor o músico? nos echamos las manos a la cabeza, le contagiamos la duda y tratamos de hacerle cambiar de idea. Damos prioridad a lo más seguro, a lo que implique menos riesgo.

“¿En qué te apasionaría trabajar?” o “¿qué se te da bien?” resultan preguntas a veces complicadas porque ceñimos las posibles respuestas al abanico de lo deseable socialmente (aquello que tiene más salidas, las opciones más seguras, los empleos mejor pagados…). Ponemos un tope, limitamos las posibilidades. ¿Qué responderías si no existiera ese límite?

Niños artistas

DETECTAR, APOYAR Y ESTIMULAR

Muchos de los informáticos que he entrevistado durante mi carrera, suelen contarme que tuvieron su primer ordenador siendo niños, y que desde muy pronto estuvieron practicando, aprendiendo, o como suele decirse, “cacharreando”. Es el interés y la motivación más puros, ajenos a cuestiones de tipo económico o profesional.

Otros niños se interesan por la pintura, la escritura, las matemáticas, el cine, la música, el deporte o la cocina, entre otros. Con el paso de los años nos “convencionalizamos”, nos adaptamos a los patrones establecidos en la sociedad y asumimos roles que no son los que hubiéramos elegido libremente. Por eso, veo fundamental hacer tres cosas:

– Detectar y comprender: es importante prestar atención a lo que hacen los más jóvenes. Aquello con lo que disfrutan, con lo que se distraen, aquello por lo que muestran interés o inquietud. Aquello que no les requiere un especial esfuerzo. Y además es necesario saber qué implica esa actividad, ir más allá de ella. ¿Qué vocación muestran?, ¿enseñar a otros, ayudar, crear…? Los fans de la saga Star Wars recordarán al pequeño Anakin Skywalker, que soñaba con salir del planeta Tatooine para convertirse en piloto interestelar y mostraba un talento excepcional en las carreras de vainas. Si su maestro Qui-Gon Jinn no hubiera detectado en él su talento como jedi, jamás habría alcanzado las estrellas…

– Apoyar: de manera objetiva, y sin hacerlo desde nuestras preferencias, prejuicios u opiniones. Se trata de apoyarles en aquello que les apasiona al tiempo que continúan con su formación y su desarrollo en otras áreas.

– Estimular: más allá del apoyo que se preste, es fundamental ayudar al niño a desarrollar este talento generando experiencias, faclitándole medios, compartiendo con él/ella su pasión, aportando nuestro punto de vista, etc… tratar de estimular e impulsar ese talento que empieza a mostrar.

Con el tiempo, el niño se convertirá en un adolescente, y de ahí pasará a ser un adulto. Sus decisiones sobre su futuro terminarán siendo suyas, y sólo él o ella decidirá qué clase de persona, qué clase de profesional, llegará a ser. Pero es fundamental que esa pasión, ese talento y esa vocación, jamás se pierdan por el camino.

Es importante, en definitiva, que no dejen de hacer aviones de papel por miedo a dejar de brillar.

Anuncios