“Tenemos trabajos que odiamos para comprar cosas que no necesitamos”

Tyler Durden (“El Club de la Lucha”)

Esta semana me he despedido, oficialmente, del periodo estival en lo que a costumbres y actividades se refiere. Lo he hecho con un fin de semana en Gandía, en compañía de mi pareja y unos amigos, entre horchatas, playa, piscina y agua de Valencia. Y aunque aún queden días de sol, cervezas o escapaditas fugaces, vuelvo a retomar hábitos saludables, deporte, jornada partida y rutina de oficina.Y en cuanto al mes de Agosto, aunque ya lo he pasado en la oficina, no deja de ser una especie de ‘pretemporada’, en el argot deportivo, en la que he tenido la oportunidad de retomar la actividad, ponerme a tono y hacer los ajustes pertinentes para afrontar la nueva y exigente temporada que se avecina. Algo que a muchos os será familiar, sin duda.

Ahora es cuando empieza lo ‘emocionante’. Atrás quedan la despreocupación, los chiringuitos, el tinto de verano, los días playeros o las ciudades desiertas, entre otras cosas. Vuelve la operación retorno, los anuncios de ‘la vuelta al cole’, los horarios, las multitudes, las interminables jornadas de trabajo o la búsqueda del mismo. Vuelven las prisas, los agobios, los problemas, la falta de hueco en la agenda para los asuntos vitales. Y vuelve la llamada depresión post-vacacional. Dolor de estómago, cansancio, dificultades para conciliar el sueño, irritabilidad… ¿te suena de algo?

EL REMEDIO INAPROPIADO

No te preocupes porque en estos días te resultará fácil (facilísimo) encontrar artículos, noticias, o entradas en blogs con soluciones para afrontarlo. La cuestión es si estamos atacando el problema como es debido.

Me explico. Tengo la sensación de que, tal vez, estamos empleando soluciones pasajeras y parches, remedios superficiales para aliviar los síntomas de una enfermedad que resulta crónica y necesita un tratamiento diferente, algo a niveles más profundos. Porque en realidad, los consejos que encontramos son excelentes para llevar, de la manera más amigable posible, nuestra vuelta a una situación que no nos gusta, que no es saludable, y que se prolonga, de manera agónica, hasta llegar a nuestras siguientes vacaciones, con el aliento justo y la lengua fuera… es un remedio para el corto plazo, una protección para encajar mejor el golpe. Es, en definitiva, minimizar males que asumimos como irremediables.

Seamos realistas, el sol, el mar y los planes del Verano molan mucho. Y un cierto nivel de malestar o nostalgia son a priori aceptables, por no mencionar el necesario periodo de adaptación que conlleva retomar ciertas actividades, no solamente las profesionales. El problema viene cuando hablamos de estrés, ansiedad, síntomas de depresión, problemas físicos o alteraciones del sueño entre otros.

¿DÓNDE ESTÁ EL VERDADERO PROBLEMA?

Ver que existen dos “mundos” tan absolutamente distintos, opuestos, y que el conflicto se produce de manera cíclica, me hace pensar que el problema radica en nuestro estilo de vida. No somos del todo felices con él, y en parte nos lo imponemos asumiendo como totalmente ciertas algunas creencias, estereotipos y/o valores, que nos vienen impuestos por el entorno y la cultura en que vivimos. La frase con que abro este post refleja, en mi opinión, la idea que pretendo transmitir.

Y tal vez, sólo tal vez, nos gustaría hacer algo distinto, contar a nuestros colegas que estamos en un proyecto totalmente distinto al que ahora desarrollamos, movernos en otros círculos sociales, tener un horario algo diferente, disfrutar de actividades que ahora disfrutamos “de pascuas a ramos”, cambiar esos hábitos que hemos adquirido durante los últimos años y que en el fondo no nos gustan…

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Por eso no te voy a dar ni un sólo remedio para superar este trance pasajero, a pesar de que también lo recomiendo. Para eso hay cantidad de enlaces, blogs y bibliografía donde encontrarás consejos muy valiosos.

¿QUÉ TE PROPONGO?

“Simplemente”, trabajar desde ya en tu estilo de vida habitual. No se trata de que tu vida sean unas contínuas vacaciones. Simplemente que te sientas lo más cómod@ posible con tu día a día. Que tengas una rutina, sí, pero ajustada a tus necesidades, tus principios y aquello que más valoras en la vida.

Y te propongo que lo hagas con tres premisas en mente:

– El único momento real que tienes se llama “ahora”. No podrás operar desde otro momento. Anhelar el pasado o desear el futuro hace que desperdiciemos el único momento real que existe. Procura estar plenamente presente en cada una de tus acciones para construir el futuro.
Trabaja de dentro a afuera. De tus valores, principios y creencias a tus hábitos, actividades, entorno…
No seas cortoplacista. Te va a llevar meses o años de dedicación. Disfruta del proceso y los progresos continuos desde el presente.

El camino que te sugiero es el largo y sin atajos, el que pasa por tres etapas que tendrás que recorrer a tu ritmo:

– Etapa interior. Trabaja a fondo tus principios, revisa tu escala de valores, analiza tus creencias, sincérate contigo mism@ a la hora de determinar qué te gusta y qué no te gusta en tu vida, y cómo debería ser para tí. ¿Cuándo? tienes muchos momentos a lo largo del día. Te diré algunos: el tren o el autobús, mientras te preparas el desayuno, cuando paseas hacia el trabajo o a hacer la compra, al acostarte… dedícate al menos 30 minutos al día, sólo para tí. Ten a mano papel y boli y anota cuantas reflexiones consideres oportunas. Seguro que luego te servirá.

– Prepárate para “salir”. Una vez hecho el trabajo interior, ¿Cómo integrarlo en tu estilo de vida? se trata de analizar y planificar cómo vas a integrar todo esto de modo que vivas de manera íntegra y acorde a tu manera de pensar y sentir. Según lo que has trabajado a nivel interno ¿Cómo debería ser tu vida?, ¿Cómo la imaginas?, ¿Qué vas a hacer?

– Etapa exterior. Se trata de, esta vez sí, trabajar hacia afuera, con el impulso de todo lo desarrollado en la primera etapa y siguiendo el camino que te marca. Se trata de trabajar sobre los hábitos, costumbres, entorno físico, emocional o social, actividades de ocio y negocio, horarios, alimentación, vestimenta, etc… se trata de superficialidad, sí, pero apoyada en un trabajo interior serio y profundo, lo que hace que esta etapa deje de ser pura apariencia, y se convierta en reflejo de lo que llevas dentro.

RESUMIENDO

Si estás de vuelta de las vacaciones y andas con esa llamada depresión post vacacional, te recomiendo que actues para aliviarla, sin duda. Pero al mismo tiempo te aconsejo que tomes medidas y te plantees tu estilo de vida, trabajándolo desde dentro hacia afuera, y planteándotelo como un reto a largo plazo.

¿Te imaginas ese día en el que volver de tus vacaciones no tenga para tí la menor importancia?, ¿Qué opinas acerca de la posibilidad de crear el estilo de vida perfecto a tus necesidades?

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