“¡Hola!, ¡Soy Coco, y esta es la diferencia entre mucho y poco…! muchooooo… ¡poco!”

Coco (Barrio Sésamo)

Puede que la cita con la que comienzo no sea del todo filosófica o profunda, pero ahora me entenderéis. La gente de mi generación seguro que se acuerda bien (y si no, es que no han tenido infancia) de aquel personaje azul, peludo, enclenque y de voz aguda llamado Coco, que nos amenizaba cada tarde con lecciones sobre cosas básicas y sencillas (y no por ello menos importantes) con un estilo igualmente simple, claro y directo.

Y en estos días me he acordado especialmente del viejo Coco, porque tengo la firme convicción de que alguien como él sería muy necesario en organizaciones como las actuales porque, aunque cueste creerlo, a estas alturas de la jugada aún parece haber dificultades entre los peces gordos y los no tan gordos (de hecho en la generalidad de las aguas dulces y saladas diría yo) para distinguir, aún a muy poca distancia, un recurso de una persona.

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LA FRUTERÍA DEL BARRIO

Este último mes, por ejemplo, alguien me solicitó “cuatro recursos para una propuesta para el cliente xxxxx”. Al interesarme por los perfiles concretos, lo que obtuve fue un claro “los más baratos que tengas…”. “Se trata de personas, no de manzanas…” fue la respuesta más instintiva que pude dar… Poco tiempo después recibí un documento en el que se me solicitaban dos recursos para bla bla bla… con lo que empezaron a despertarse mis sospechas de que algo no está quedando claro para ciertas personas (¿o preferirán ser llamados recursos?)

NO ES TAN DIFÍCIL

Tiremos de la RAE, que de definiciones algo saben, para dejar claras las diferencias ¿os parece?

Según la Real Academia Española de la Lengua, una de las definiciones de recurso es “medio de cualquier clase que, en caso de necesidad, sirve para conseguir lo que se pretende”

La misma RAE define a la persona como, entre otras definiciones, “Individuo de la especie humana”, con todo lo que ello conlleva…

En definitiva, un recurso es un medio, algo que tu utilizas, para conseguir tu objetivo. Sin más. Puede variar de unos a otros en algo, pero jamás (y esto es una obviedad cuya mención me hace sentir ridículo), jamás tendrá la complejidad y la riqueza en matices que tiene una persona. Un recurso no tiene motivaciones que satisfacer, no tiene aspiraciones (salvo las del que lo utiliza), no vive según unos valores y principios, no tiene inquietudes, no tiene una vida interior ni una exterior, no tiene emociones, ni otros recursos a los que cuidar o para los que ser un referente…

NO ES SÓLO UN DECIR

Habrá quien pueda darse por aludido, y piense algo como “¡qué tontería! pero si es sólo una forma de hablar”… pero ojo con las formas de hablar, mucho cuidado, porque la forma en que hablamos y nos hablamos es más poderosa y transformadora de lo que pensamos, y eso seguro que lo sabe bien mi amigo Andrés Ortega, quien anoche me comentaba su convicción acerca del poder que tiene el lenguaje en este sentido.

Cuando hablas de recurso, pones tu foco en TU necesidad, y te basta con que el susodicho te sirva a tal efecto. No te preguntas si el puesto le va a suponer un reto, si va en linea con sus valores o si colmará sus necesidades siempre que no se salga de tu presupuesto… ¡qué narices!, ¡es un recurso! Lo que te vale es que encaje, da igual que sea a rosca o a presión. Medidas y material adecuado, lo demás sobra.

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Sin embargo, cuando hablas de personas, ocurre algo casi mágico. No pones el foco fuera de tu necesidad, lo amplías, de modo que abarque también a quien va a dedicar su tiempo, esfuerzo y talento a ayudarte con tu problema o tu objetivo. Ya no usas. Ahora colaboras. Creas sinergias, procuras favorecer iniciativas internas para ayudar a su satisfacción y a su desarrollo. Si algo va mal, no buscas reparar o sustituir, sino reconducir, ayudar con el problema… ¿se nota la diferencia?, ¿te gusta más o menos?, ¿eres más de recursos o de personas?

Será una forma de hablar, pero ya son demasiadas las personas que me han contado lo desmotivadas que se encontraban en sus organizaciones por ser tratadas como números o por trabajar en una ‘cárnica’… no les quitaré la razón. Pero en fin, formas de hablar…

¿Y AHORA QUÉ HACEMOS?

Pues ahora, y para evitar que tenga que venir el Coco a explicarnos de qué va el asunto, tal vez nos toque a nosotros hacer lo que muchos ya han empezado: humanizar a esta sociedad. Humanizar a las organizaciones desde el ejemplo, desde el propio lenguaje y su vertiente transformadora.

Si me piden un recurso, espero que estén preparados/as para que me interese saber si lo que necesitan es material de oficina, un portátil o quizá un dispositivo de almacenamiento. A lo mejor cuando lo pregunte piensan que estoy loco o que soy un borde (¡Dios me libre!). Porque si no empezamos YA a dejar claros los conceptos a aquellos que no los comprenden, no nos quejemos luego por ver que no evolucionamos. No nos quejemos luego cuando digan que trabajamos en empresas cárnicas o del montón. No busquemos diferenciarnos a través de seductoras campañas de marketing o tratando de trabajar una presencia adecuada en la red con mensajes que, tal vez, luego no se van a corresponder con lo que la gente encuentra dentro. Empecemos a humanizar en el seno de nuestras organizaciones, en “casa”, porque a partir de ahí empezaremos a evolucionar.

En fin, me vais a perdonar por el discurso, pero tal vez esta mañana me haya levantado un poco ‘Coco’… y tal vez, eso no sea tan malo al fin y al cabo.

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