Ilusionar, según la Real Academia, significa “despertar esperanzas especialmente atractivas”. Y la palabra que acude a mi cabeza cuando pienso en este 2014 que acaba de comenzar es “ilusionante”.Me encuentro aprovechando los primeros minutos de los 525.600 que nos brinda el año para dar forma en mi mente y en el papel a los cuatro o cinco principales objetivos que quiero conseguir. Quiero hacer algo relevante para mi futuro y para el de mi entorno. Quiero seguir dando sentido a mi vida cada uno de los 365 días que tiene el calendario.

He aprendido que los buenos propósitos son sólo eso, propósitos. Intenciones, ánimo por hacer cosas, pero nada más. Por eso empecé a planteármelos como metas, como objetivos, acotados en tiempo y forma. Y aún así, en 2013 solamente alcancé tres de las metas que me propuse. Eso sí, las más importantes y relevantes. De modo que este año serán menores en número, mayores en ambición. Más relevantes, e igualmente ilusionantes.

¿Y a la vida qué le pido? que me permita seguir dando pasos y avanzar en el camino, porque de eso ya me encargo yo.  Últimamente leo en diversos medios, redes y blogs opiniones de distinto tipo, pero hay una que me ha llamado la atención, y es la de aquellas personas que despiden al año 2013 con un “y no vuelvas” o similar…  Evidentemente, el año que dejamos atrás no ha sido de color de rosa precisamente, pero si rascas y te muestras agradecid@, seguro que encuentras muchas cosas buenas. Además, 2014 también tendrá sus malos momentos, dificultades, nefastas noticias y descorazonadores datos. Es así. Y no hay que resistirse ni darlo por bueno, simplemente reconocerlo y aceptarlo para continuar el camino y salvar los obstáculos.

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De modo que no perdáis el tiempo, soñad 2014, vividlo con ilusión en todos y cada uno de sus 525.600 minutos y hacedlo, simplemente, inolvidable.

 

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