Uvas, brindis, y fuegos artificiales. Humoristas y artistas en la caja tonta acompañándonos en el tránsito de un año que termina a otro que comienza. Y entre medias, el entusiasmo, la ilusión y las ganas, todas las ganas del mundo, para que el que empieza sea nuestro año. Y propósitos… muy buenos propósitos, pero muy malos objetivos.Uno de los más habituales es ‘ir al gimnasio’ (y de estos arranques viven las grandes cadenas) pero, ¿Qué significa exactamente esto?

¿Significa que vas a ganar resistencia?, ¿que vas a entrenar para estar más fuerte?, ¿significa que quieres mejorar tu salud?, ¿que vas a buscar ese ansiado tipito para el verano o bajar los turrones de la navidad?, ¿quieres estar preparado para correr una maratón?… es decir ¿Qué quieres conseguir?

¿Significa que vas a empezar el primer día del año?, ¿O esperarás al 7 de Enero cuando terminen las fiestas?… es decir, ¿Cuándo vas a empezar con tu propósito?

¿’Ir al gimnasio’ quiere decir que vas a ir durante todo el año o un periodo concreto del mismo?, ¿dos días en semana?, ¿tres?, ¿cuatro?, ¿irás una hora al día?, ¿o quizá dos o tres?… es decir ¿Con qué frecuencia llevarás a cabo las acciones necesarias y qué planificación tienes?

¿Has elegido gimnasio?, ¿tienes medios suficientes para garantizar tu actividad y mantenerla en el tiempo?, ¿tienes claro de dónde podrías obtenerlos si no los tuvieras o necesitaras más?, ¿conoces a alguien que te pueda dar consejo acerca de qué gimnasio es el mejor o el más rentable?… es decir ¿Con qué recursos económicos, materiales o personales cuentas?

CUANDO ‘QUERER’ NO BASTA PARA ‘PODER’.

Como puedes comprobar, detrás de cada propósito de ‘ir al gimnasio’ hay mucho más de lo que parece a simple vista cuando lo proclamas a viva voz entre amigos o familia. Todo depende, por supuesto, de cuan en serio te lo propongas. Y lo mismo aplica a ‘dejar de fumar’, ‘leer más’ o ‘ser mejor persona’, entre infinidad de ejemplos que podríamos sacar.

Un propósito es por definición una intención de hacer algo. Se trata de un ‘Qué’ desprovisto de ‘Cuándo’ y ‘Cómo’, dos elementos fundamentales para materializar ese propósito. Y es que de intenciones, como todos sabemos, no se vive. No es del todo cierto aquello de ‘querer es poder’. Aunque podríamos rescatar un lado positivo de la frase y decir que un propósito es la base de un objetivo. Querer hacer algo es el comienzo, pero no es suficiente.

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TRES CLAVES PARA CUMPLIR CON TUS PROPÓSITOS

Definición: un propósito es muy vago en su descripción, ambiguo y nada delimitado. Generalmente le falta una limitación temporal y una definición de los pasos y recursos necesarios. ¿Qué es lo que quieres vas a hacer?, ¿Cuándo lo vas a conseguir?, ¿Cómo vas a conseguirlo para esa fecha? Puede que, incluso, descubras que al formular tu objetivo, el propósito sea simplemente un componente del mismo o un medio para alcanzarlo.

Compromiso: establece un compromiso real con el objetivo a lograr. Formalízalo por escrito, compártelo con

Acción: no basta con querer que te suceda algo. Tienes que hacerlo, actuar. Ejecutar tu proyecto. Planifica las acciones concretas que te van a llevar a conseguir materializar tu propósito y hacerlo una realidad. Date la enhorabuena por cada hito que alcances y cada paso que des hacia la meta. Actúa.

¿Qué significa para tí ‘ir al gimnasio’?, ¿Qué diferencias observas entre un propósito y un objetivo bien formulado?

Decide qué quieres conseguir, cuándo quieres lograrlo y qué vas a hacer para alcanzarlo… verás la diferencia.

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