No me pidas una máscara. No trates de convencerme, y mucho menos imponerme, un rostro distinto al que refleja mi espíritu, mi ánimo, mi alma o mi ‘llámalo como quieras’ en esta mañana, en esta tarde o en esta noche, en las circunstancias A, B y C que definen el momento actual. Especialmente si lo haces por el bien colectivo, por agradar a los demás o no herir sus sensibilidades, no me pidas una máscara. Hoy no.No me pidas una máscara porque sí, por salir del paso, como medida pasajera, como parche. No sin antes escarbar, ver lo que hay debajo y por qué. No sin dedicar unos minutos, unas palabras, unos párrafos, una conversación. No sin mostrar un interés sincero y real sobre los motivos que hoy me llevan a mostrar esta cara que, por cierto, me pides que cubra bajo una máscara diferente.

No me pidas una máscara porque no estoy para carnavales. Porque no ayudará a avanzar, sino a disimular, a demorar o posponer un problema, pequeño, mediano o grande, pero un problema al fin y al cabo. Un contratiempo que, tal vez, se esfume prescindiendo precisamente de eso, de máscaras.

Y es que en el mundo de las emociones, las poses de cara a la galería sirven más bien de poco. Enmascarar, ocultar y tratar de negar una emoción no es la manera más adecuada de gestionarla. Y liderar es, en parte, saber gestionar emociones. Por eso, no me pidas una máscara ¿Que al mal tiempo hay que ponerle buena cara? no te lo niego. Es así. Pero no porque sí, no sin ir más allá, no sin asegurarse que detrás de la buena cara hay convicción y todo queda en orden. Liderar no es eso.

Liderar es inspirar, es comprender y es ayudar a otros a desarrollar todo el potencial que llevan dentro desde su propia identidad, y esto, insisto, no es compatible con usar una máscara, con trabajar de fuera adentro para guardar las apariencias. Requiere compromiso, implicación, dedicación hacia la otra persona. Requiere dar el apoyo necesario y tener la sensibilidad adecuada para identificar determinadas emociones y ayudar a la otra persona a canalizarlas de la manera más óptima. Liderar es un trabjo, una vocación, no un conjunto de órdenes superficiales…

Por esto y mucho más, por favor, no me pidas una máscara.

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