Hoy voy a romper una lanza en favor de mi amigo en la red, Víctor Candel, que hace un par de domingos se pronunció en contra de esa corriente, tan de moda en estos tiempos, que nos plantea un mundo 100% feliz y a pesar de los pesares, un mundo en el que una frase motivadora con un sol al fondo parece suficiente para seguir adelante. “Ya no aguanto ni una receta más de felicidad, optimismo y positividad”, afirmaba. Ay, Víctor, cómo me haces esto un Domingo y en vísperas del Blue Monday, el lunes más triste del año según dicen. Y sin embargo, te lo perdono. Te lo perdono porque estamos en la misma onda. Te lo perdono porque has dicho algo diferente, que va en contra de la corriente. Has sido como un salmón río arriba en estas aguas rosas, azucaradas y perfumadas por las que la mayoría prefiere navegar. Tu te has quitado la anestesia y has tirao pa’lante, y eso me gusta. Y además te perdono porque has tenido la educación de pedir disculpas previamente a coaches y profesionales de la psicología positiva. Aunque eso sí, te dejaste a publicistas, compositores, cineastas y a Mr. Wonderful y su ejército de tazas buenrrollistas entre otros. Porque aquí, quien más quien menos, todos nos hemos apuntado a la fiesta.

Vivimos tiempos inciertos, es verdad. La crisis ha golpeado, y sigue haciéndolo, a miles de hogares, y la gente quiere creer que aún puede ser feliz y vivir una vida a la medida de sus deseos, a pesar de todo. Y en este contexto, la felicidad se ha convertido en algo parecido a un producto fácil de vender y, en ocasiones, rentable. De este modo, no parece descabellado pensar que en la desgracia de unos se ha encontrado una oportunidad de negocio. Una necesidad a satisfacer en forma de productos o servicios que ha llegado a la formación, la consultoría, las estanterías de bibliotecas y secciones de libros de centros comerciales, a la música, el cine o la televisión. Y en este proceso de fabricación o creación del producto, la felicidad se ha visto desvirtuada como concepto. Ha sido despojada de cualquier elemento que no sea atractivo o que pueda afearla. Y así, se han creado fórmulas, recetas y secretos de obtener la tan ansiada felicidad que derivan en lo que Víctor, como digo, denunciaba. Se nos presenta un mundo de color de rosa, sencillo, fácil si tienes un pensamiento positivo. Se dan soluciones simples y se quita hierro a cualquier asunto. Y esto, en el corto plazo que tanto nos gusta, puede ser gracioso, incluso agradable.

Me gustaría aportar algunos matices acerca de la felicidad que considero importante tener en cuenta en aras de tener una visión más centrada, más moderada y más práctica. Más realista, si lo prefieres.

La Felicidad son momentos, sí. Pero los momentos no son felicidad: Se repite hasta la saciedad aquello de que “la vida se vive en momentos, no en minutos” (algo que se ha utilizado en un reciente spot de cruceros) Sin embargo, la vida está compuesta por momentos de felicidad, pero también momentos de tristeza, sorpresa, desconcierto, decepción, excitación, enfado, frustración… y la felicidad, al final, es saber aprovechar los buenos momentos y saber afrontar los no tan buenos. Cuando hablamos de momentos de felicidad, de manera sutil estamos dejando de lado el resto. El problema es que para gestionar adecuadamente las emociones negativas, primero hay que reconocerlas aceptarlas.

La felicidad es una emoción, algo que nace, por tanto, en nosotros mismos. La felicidad no es externa, no es un coche de alta gama, no es el dinero, no es una mansión o viajar a lugares exóticos. La felicidad nace de nosotros y por tanto hay que cultivarla desde esa perspectiva. Invertir en productos, objetos, experiencias… y no trabajar nuestro espíritu y la percepción que tenemos de lo que nos rodea, sólo va a conducir a una mayor frustración e infelicidad. “La mente se relaciona con el significado, no con la información. Es decir, que aportamos significado a nuestras experiencias”, decía Punset en “El Viaje a la Felicidad”

La felicidad no es la meta, es el camino. Nos han vendido la felicidad como aquello que debemos perseguir, y no nos damos cuenta que la felicidad también es el camino que construimos. Decía Punset que “en la búsqueda, en la expectativa, radica la mayor parte de la felicidad”. Hay evidencias empíricas que así lo demuestran, como el hecho de que “el llamado circuito de la búsqueda (situado en el hipotálamo) que alerta los resortes de placer y de felicidad, sólo se enciende durante la búsqueda del alimento, y no durante el propio acto de comer”

– La felicidad es una ecuación de sumas y restas. En efecto, hay elementos fundamentales para ser felices. Pero habrá que considerar y tener en cuenta otros elementos, controlables algunos, incontrolables otros, que van a restar a la fórmula. De modo que tendremos que aprender a crear y desarrollar los primeros al mismo tiempo que minimizamos los segundos o, al menos, tratamos de relativizar y procesarlos.

Podríamos matizar muchísimo la visión “comercial” de la felicidad en estos tiempos, y daría para muchas páginas, pero espero que estos cuatro matices puedan servir, al menos, como reflexión. Para todo lo demás, os recomiendo la lectura de “El Viaje a la Felicidad” de E. Punset, que me ha servido para tener una perspectiva diferente de la materia.

Y mientras tanto, son cuatro los consejos que, desde mi humilde opinión, puedo daros para una vida más feliz:

Relativiza y simplifica: las cosas no son tan complicadas como las vemos. Somos nosotros los que nos empeñamos en darles una complejidad extra e innecesaria. Ante la falta de información, trata de completarla con las fuentes adecuadas. Pregunta, aclara, busca la conversación, otros puntos de vista,… pero trata de no rellenar los huecos del asunto con material de tu cosecha. “El cerebro no está programado para ser feliz, sino para la supervivencia” (L. Chica y F. Alcaide en ‘Tu Futuro es Hoy’) de modo que encontrar la felicidad es un esfuerzo y requiere disciplina, valor y esfuerzo, requiere reprogramar nuestra mente y crear hábitos saludables.

– Vive el momento: “el estrés provocado por motivos imaginados es característico del ser humano” (Punset), y para bien o para mal, tenemos la capacidad de situarnos en el pasado y en el futuro, momentos que no existen. Vivir el ahora es fundamental para nuestro bienestar. Practicar meditación, yoga, mindfullness… resulta de una gran ayuda.

– Evita la comparación si no es para inspirarte: tenemos la dichosa manía de compararnos con los demás y generalmente lo hacemos con quienes tienen una posición ventajosa. Generalmente, la comparación es en nuestra contra. Trata de convertir la envidia en inspiración, busca referentes en los que inspirarte, que te aporten, pero nunca te compares con nadie para hundirte. Sé práctico/a y aprende de tu entorno.

– Fomenta un entorno positivo: tu espacio físico, tus actividades, tu alimentación, las personas con las que mantienes una relación habitual… cuida minuciosamente tus experiencias y el entorno en el que te mueves. Las emociones son altamente contagiosas, por lo tanto, elige emociones positivas. Elige hacer lo que te gusta, cuando te gusta, y siempre que tus responsabilidades te lo permitan. Busca un hueco para hacer aquello que te llena, que te hace sentir bien. Por cada emoción negativa, necesitarás tres positivas para mantener tu equilibrio, de modo que más vale prevenir que curar: empieza a trabajar en un saldo emocional positivo…

La felicidad no es fácil. La felicidad tiene un coste, a veces mayor, a veces menor. Todo depende del punto del que partamos y del punto al que queramos llegar. Ninguno de estos consejos son siempre tareas cómodas. Relativizar y simplificar cuesta cuando tienes unas creencias y una mentalidad muy arraigadas. Vivir el momento cuesta, conlleva un esfuerzo consciente bastante grande al principio, pero es un hábito y como tal, hará que poco a poco todo sea más natural. Fomentar el entorno puede significar romper relaciones y hábitos, y eso no es fácil…

Por esto y mucho más, es por lo que estoy de acuerdo con Víctor y lo que él llamaba “impulsos emocionales de domingo”… y es que, como le dije… “me da que ese impulso contiene cosas interesantes”… cosas que, al menos, me han dado para un rato de reflexión. Espero que a vosotr@s también os aporte…

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