Déjate de ‘tengos’ y empieza a caminar por tu propio pie. Sin guías, sin mapas prestados, sin rutas impuestas por otros. Ve donde quieras ir, cuando quieras ir, y como quieras ir.Déjate de ‘tengos’, que cuanto más tienes, menos quieres. Y cuanto menos quieres, menos decides. Y cuanto menos decides, menos pesa la responsabilidad. Así que hazte cargo de tus decisiones, y déjate de ‘tengos’

Dejémonos de ‘tengos’, que el ‘tengo’ es un baile para dos, sí, pero en el que el otro es quien lleva el paso, quien lidera, y donde tú te pasas todo el tiempo intentando no pisar a nadie, preocupado, pendiente de cumplir con la coreografía que ‘el otro’ te marca y no equivocarte ni en un sólo movimiento. Y te digo ‘el otro’ como podría decirte ‘tu jefe’, ‘tus amigos’, ‘tu pareja’ o ‘la sociedad entera’.

Pasemos de ‘tengos’. De verdad, hazme caso. Apártalo de tu vida, y empieza por tu lengua, tu boca, tus cuerdas vocales. Olvídate de la palabra, si hace falta. Y apúntate a los ‘quieros’, ‘decidos’ o ‘deseos’. O como quieras llamarlos. Porque cuando lo hagas, te pasarán dos cosas. Una buena y una mala.

La mala (así nos la quitamos de en medio ¿Te parece?) es que cuando empieces a querer, a decidir, a hacer por tí mismo y porque tú lo vales, te sentirás un pelín incómodo. Es normal cuando ya no tienes ese escudo protector, esa excusa, ese certificado con el que decías ‘¿ves? no puedo porque tengo que…’ Ahora es algo distinto, ahora no te da la gana, eliges otras cosas, tiras por otro camino, has sopesado y has visto que lo mejor era A y no B. Y te arriesgas a equivocarte y pagar las consecuencias, claro está. Ahora, eres YO, S.A.

La buena, es que desterrando los ‘tengos’ y afianzando el ‘quiero’ como hábito fundamental en tu vida, ganaras más control sobre esta. Sentirás que eres tú quien la lleva, quien la crea, quien marca el paso en el baile y además lo disfruta y se inventa nuevas coreografías. Y si miramos muy a largo plazo, no hay otra forma de cumplir tus objetivos y proyectos personales que apostando por los ‘quiero’, tomando tus decisiones y no otras. Viviendo tus sueños y no los que te prestan o, peor, los que te imponen.

SIN ‘TENGOS’ EN LA LENGUA

Probablemente ni siquiera seas plenamente consciente de todos los ‘tengos’ que gobiernan tu vida. Por lo tanto, lo mejor es empezar por ser consciente de ellos.

¿Cuántas veces tomas una decisión en base a una obligación que no puedes eludir?, ¿cuantas veces, por ejemplo, has evitado quedar con alguien porque tenías muchas cosas que hacer en casa, o no has ido al gimnasio porque tenías que quedarte en la oficina terminando una tarea importantísima?, y por cierto ¿cuántas veces es realmente cierto (valga la redundancia) el motivo?

Vayamos más allá ¿Qué pasaría si decides saltarte esa obligación que te ata y tomas otras opciones? literalmente… ¿qué narices pasaría?, ¿cuáles serían las consecuencias de no cumplir con ello?, ¿estás dispuesto a asumir estas consecuencias?

Hablemos, pues, con propiedad. Cuando tomas decisiones, también tomas consecuencias. Y con esta premisa, podemos empezar a reformular completamente nuestras presuntas obligaciones (externas, impuestas, ineludibles…) para convertirlas en decisiones (internas, propias)

No tengo que quedarme en la oficina hasta tarde. Decido hacerlo porque así avanzo trabajo, porque mañana tendré que entrar más tarde (o mejor, quiero entrar más tarde), porque considero que así me valorarán más y mejor, o porque me aterra la bronca que me pueda caer si no termino el dichoso informe.

No tengo que ponerme hoy con las tareas del hogar. Decido hacerlo porque no soporto el desorden, porque tengo visita y quiero agradar, o porque simplemente no me apetece ir al gimnasio y ocupo el tiempo con otras cosas.

Por lo tanto, te invito a que dejemos de lado los ‘tengos’ y nos hablemos con propiedad, empezando a decidir, y a asumir lo que queremos y lo que no, lo que decidimos hacer y lo que decidimos no hacer… yo te lo propongo, te invito, y ahí te lo dejo… ¿Olvidamos entonces los ‘tengos’?

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