Hace tiempo, Ken Robinson hablaba en una conferencia TEDx acerca de la educación y cómo el modo en que ésta está montada en nuestra sociedad acaba ‘matando’ la creatividad. Su discurso no tiene desperdicio y da para bastantes reflexiones e ideas, pero a mí me llamó la atención la idea con la que arrancó la ponencia, y que es la base de la que parte el resto.

Con un sencillo ejemplo acerca de la cantidad y tipo de sentidos que poseemos, Robinson demostró la facilidad con la que llegamos a dar por sentado casi todo lo que nos cuentan. Tal vez porque necesitamos certeza y orden en nuestra conciencia,  tal vez porque atribuimos legitimidad absoluta a gurús y expertos y damos el status de verdad absoluta, o quizá por aprobación social, damos por hecho que A es A, B es B, y C es C. La consecuencia directa es que al dar por sentado, aceptamos una realidad y nos movemos dentro de unos límites que nos ofrecen una gama de posibilidades demasiado reducida. Un traje que a nuestros sueños le está pequeño. Muy pequeño.

¿Cuántas cosas hemos dado por sentado y con cuántas nos hemos equivocado?, ¿hasta qué punto hemos condicionado nuestra vida y durante cuánto tiempo ‘subcontratamos’ a otros para que nos la diseñaran? Y aún hoy, me pregunto ¿Cuántas verdades seguimos aceptando por error…? Dimos por sentado que había que estudiar una carrera que tuviera salidas o nos las veríamos canutas para encontrar un buen trabajo, fijo y bien pagado, que aquello que tanto nos apasionaba no tendría futuro, que invertir en esa formación iba a ser tirar el dinero a la basura, que alguien como tu o como yo no estaba hecho para ese trabajo, que querer dar la vuelta al mundo eran pajaritos, que ya no tenemos edad para esto o aquello, que jugar es para niños… ¡Cuántos trenes hemos visto pasar pensando que no teníamos billete para subir! Y aún hay quien sigue en la estación mirando el reloj mientras espera el suyo.

Dando por sentado nacieron los miedos, se extendieron los falsos rumores y se sostuvo la mediocridad.

Abramos la mente. Sólo un poco, no hace falta un gran cambio, sólo un ejercicio consciente de crítica y autocrítica. Con poco que miremos más allá y cuestionemos los paradigmas que nos han metido en vena empezaremos a abrir la brecha y veremos que muchas ‘verdades’ no lo son, o al menos no en su totalidad. Que hay personas que cuestionaron y rompieron con lo establecido como único camino hacia lo que buscaban. Gente que diseñó su vida, que se inventó una profesión y dejó a sus voces críticas con la boca abierta. Gente que desoyó la voz de la mayoría y siguió hacia delante. Gente que hizo algún sacrificio, que tomó decisiones difíciles, porque al fin y al cabo ser un salmón y tirar río arriba tiene que desgastar, no debe ser fácil.

Así que probemos a ser más críticos. Aunque sea por ser un poco puñeteros. Aunque sólo sea por ver qué pasa. Llevemos la contraria a ver qué tal. Que ahora no tiene la culpa el sistema educativo, ni lo que nos contaron de peequeños. Que para crear necesitamos espacio, posibilidades para explorar, y cuánto más damos por hecho, más vallas ponemos a nuestro campo y menos posibilidades nos quedan. Que cuanto más caso hacemos a quienes nos dicen que esto es así y aquello es así, menos así, menos protagonistas somos de nuestra peli y más cara nos sale la entrada. Que ahora depende de nosotros.

Y a todos aquellos que os veis reflejados, que no dais nada por sentado, aquellos que probáis, que creáis y creeis en vosotros, gracias. Gracias porque sois, simplemente, pura inspiración.

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