Si hay un aspecto importante que he aprendido en los últimos años, es que todos tenemos la capacidad de crear. Es decir, todos y sin excepción somos creativos. Antes de leer a ciertos autores, como Ken Robinson, mi mundo se dividía entre los creativos y los no creativos. Y además había profesiones y actividades que de por sí eran incompatibles con esta fascinante cualidad.Pero sí, la realidad es que todos somos creativos y podemos llegar a desarrollar esta creatividad en campos tan dispares como la música o las matemáticas. Otra cosa es que nos hayamos hecho un poco más grises, que hayamos abandonado en el camino al niño que un día fuimos o que nos hayamos dejado llevar por lo que dictan los convencionalismos o los sistemas educativos y profesionales. Algo que, por otro lado, tiende a romperse de manera lenta pero firme.

La creatividad no es pintar cuadros y llevar una vida bohemia. Eso es un estereotipo y los estereotipos, precisamente, no convienen a la creatividad.

La creatividad es, entre otras cosas, inspiración. Inspiración que nace cuando caminas, hablas con personas extraordinarias, escuchas música, lees o haces el amor. Inspiración que son momentos, estrellas fugaces, olas sobre las que surfear. Nos moviliza, nos impulsa, nos ilumina. Y como los momentos, las estrellas o las olas, es efímera y pasajera. Hay que vivirla cuando llega o dejarla pasar.

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Por eso es tan importante atraparla, aprovecharla y mantener viva su llama tanto como sea posible. Por eso es tan relevante coger la inercia que te aporta y darle forma. Puede ser un proyecto, una canción, una escultura, un evento o un chiste (o los tan de moda ‘memes’ que hoy día están dejando patente la creatividad de tanta gente) La cuestión es qué hacer con la inspiración cuando te llegue.

Haz lo que sea, pero haz. Así de simple.

Llévala de tu cabeza al papel. Como sea, ten siempre a mano algo con lo que apuntar, ya sea una libreta y un lapiz, o ya sea un smartphone de última generación. Lleva al papel lo que te ha venido a la cabeza y no dejes que se enfríe. No elabores, hazlo en cuatro frases, en tres brochazos, a grandes rasgos, lo esencial. Las claves de acceso a la idea global. Si tienes que dejar de lado cinco, diez, quince minutos aquello que estés haciendo, no tengas reparo (salvo que se trate de un par de huevos fritos, en ese caso termínalos primero, apaga el fuego y apunta) Juega con la idea, experimenta, dale las vueltas que sea necesario y que no marchite. Dale vida a la inspiración, sin límites y sin prejuicios. Sin barreras, no te cortes, se trata de crear. Y sobre todo, pregúntate qué vas a hacer con ella hoy, mañana, y pasado mañana. Repito, qué… vas… a… hacer (hoy, mañana y pasado mañana) Esto es fundamental. Es rematar la jugada. Es aprovechar la ola, vivir el momento, pedir el deseo (y que además, empiece a hacerse realidad)

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Porque lo importante, además de llamar a la inspiración, es retenerla, secuestrarla, aprovecharla y que de ella salga algo grande que pueda llegar a cambiar nuestro mundo. Porque si algo nos hace grandes, es eso ¿no?

 

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