Lo siento, ‘mi todo, porque aún sin ser todo lo que tengo, eres lo mejor de todo lo que tengo. Y eso que decir que te tengo suena feísimo. Así que diré que tu también me tienes. Para lo bueno y para lo malo, con mis luces y mis sombras, me tienes, te tengo, nos tenemos. Mi pequeña, mi princesa, mi pirata, mi guerrera. Mi bebé. Nuestro bebé.

Y decía, antes de perderme en mis palabras, que lo siento. Lo siento si alguna vez ves mi cara mala. Si alguna vez ves que no me porto bien, que no soy un buen ejemplo, a veces a las personas nos pasa esto, que, simplemente, perdemos los nervios. Y eso no está bien. Y aunque para nosotros un cabreo puede ser pequeño, para tí puede ser tan chocante, tan raro y tan grande, que no me perdonaré la menor de mis rabietas. No soy perfecto, supongo que es la parte mala de mi humanidad, la letra pequeña de mi edad adulta. Pero eso no es ni mucho menos razón ni excusa suficiente. Para tí tengo que quiero ser ‘Superpapá’. Ese que te levanta y te hace volar, ese que te arranca sonrisas a base de cosquillas, ese que te da tranquilidad, al que le puedes pegar tirones de pelo sin que le duela, el que te suba a hombros y luego te baje haciendo una voltereta, como tanto te gusta. Así que, si por esta vez me lo perdonas, lo siento, mi todo. Lo siento por tí y por mamá.

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Hace tiempo supe que nos ibas a cambiar la vida. Y sé que tanto aprenderé yo de tí como, espero, tú de mí. Puede que hoy sea un día ideal para aprender una gran lección gracias a tí. Para aprender que, sólo por tí y por tu felicidad, tiene un sentido dejar atrás mis suspicacias, mis rencores pasajeros, mis nervios y mis cabreos. Sólo por tí y por tu felicidad tiene más sentido que nunca aprender a ser paciente, comprensivo y perseverante. Sólo por tí y por tu felicidad, tiene más sentido encontrar lo bueno que hay en mí y multiplicarlo por cien, por mil… ¡por diez mil! sólo por no volver a ver tu carita sorprendida, intentando saber qué pasa. Tu tienes que crecer, y nosotros tenemos que estar ahí para que lo hagas con la mayor felicidad del mundo. Tienes que jugar, reir, soñar, correr, aprender… nada más tiene que preocuparte. Lo demás es el mundo de los mayores al que todavía te queda mucho para llegar. Hoy, tu mereces ser feliz. Y yo debo aprender.

Porque eso, ‘mi todo’, es todo para nosotros.

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